Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Luis Peña Reyes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Luis Peña Reyes. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de septiembre de 2011

María entre el presente y la memoria. Una entrevista desde Cuba de Jorge Luis Peña Reyes

María entre el presente y la memoria

Por Jorge Luis Peña Reyes

Quién pudiera como el río/
ser fugitivo y eterno:
Partir, llegar, pasar siempre/
y ser siempre el río fresco/.
Dulce María Loynaz

Puedo  remontarme al año 2009, punto de partida de esta relación que nació mientras rastreaba en la red la convocatoria del Premio hispanoamericano de  poesía para niños. María García Esperón, escritora mexicana, era ese nombre reiterado en las páginas del Google por merecer el lauro de este importante certamen en la edición del 2005 y también por su constante labor de promoción. Allí estuvo, accesible  desde la primera vez, y fue tanta la empatía entre esta multipremiada autora, entusiasta promotora, buena amiga de tantos y quien subscribe, que hemos fundado y soñado proyectos comunes, en una cofradía difícil de imaginar desde la distancia. Su apego a la novela histórica ha sido muy reconocido en varios países del mundo al igual que su trilogía El Disco del Tiempo, Querida AlejandríaEl Disco del cielo, este  último publicado hace unos meses por la Editorial cubana Gente Nueva, razón por la cual surge este diálogo que pretende ser un puente entre el interés de esta autora  por civilizaciones antiguas y su compromiso con el presente.

-¿María de dónde te llega la afinidad por las culturas milenarias?

-Mi afinidad por las culturas antiguas procede de mi primera infancia. A los cuatro años, en un libro ilustrado de una historia mitológica griega, me subyugó todo: el mar, las túnicas, las islas, los dioses. Eso fue decisivo, yo pedí que me enseñaran a leer en ese momento, para poder descifrar los sentidos que intuía. Y mi interés infantil más adelante, se dirigió a los vestigios de las grandes civilizaciones mesoamericanas: los aztecas, los teotihuacanos. A los nueve años yo quería ser arqueóloga y le rogaba a mi madre que me llevara al Museo de Antropología a ver las estatuas, las inscripciones, los monumentos.

-¿Necesitas la literatura como una manera de evadir tensiones del mundo contemporáneo o apelas a la periodista que eres para encarar estas realidades?

-Trabajé en un periódico durante siete años, siempre enfocada al periodismo cultural. Claro que la cultura en cualquier país está inserta en una realidad sociopolítica de la que ni es posible ni es ético evadirse. Al enfocarse a lo cultural, a su estudio, crónica, seguimiento, adquieres una percepción diferente a la que otorga la primera plana de cualquier periódico o noticiario nocturno, que están dedicados, por lo menos en México, a los políticos y a los criminales. Al seguir la cultura te das cuenta de la enorme fuerza que en su historia y en su creación posee cualquier pueblo y empiezas a encontrar esos reductos de resistencia, de energía, de futuro, de evolución hacia mejores estadios que a primera vista no aparecen. Del periodismo pasé a la creación literaria para niños y jóvenes y encontré un nicho particular: rescatar los tesoros de nuestros más promisorios orígenes para traerlos al presente y en esos vehículos portentosos que son los libros, entregarlos a los jóvenes lectores, tan promisorios como el origen del que hablo.
           
-¿Por qué los niños como destinatarios de tu obra literaria?

-Porque con los niños todo empieza, el mundo vuelve a nacer. Cuando tenemos hijos volvemos de algún modo a un mágico punto de partida, es la oportunidad de hacerlo todo de nuevo, de pensarlo todo, de hacerlo y pensarlo bien. Escribir para niños es una experiencia de origen, en ella caben la ilusión, la esperanza, el deseo de correr aventuras, de viajar, de coincidir, de enamorarse de esa manera tan pura como ocurre en la infancia.

-La poesía y la novela son géneros que se complementan en ti. Una requiere de síntesis y otra de digresión. ¿Cómo puedes convivir con ambos conceptos sin que te roben terreno?
           
 -Yo soy amante eterna de las obras de Homero, de la Iliada y la Odisea. En esa épica que nos fundó la literatura universal conviven lo narrativo con la expresión poética, que percibo como sagrada. Un modo de contar los hechos en el que el mismo lenguaje hace que se relacionen con un nivel superior, que eso lo explique. El Logos que se expresa a través de la poesía, es más rico que la lógica, que la simple cadena de causas y efectos. Soy más narradora que poeta, pero naturalmente tiendo a contar las cosas a través de una prosa poética.

-La promoción a los autores es parte fundamental de tu diario hacer. ¿Cuál es tu meta?

-Dijeron los clásicos que la amistad es un alma en dos cuerpos. Los autores que promuevo son esas almas que amo, en el sentido del AGAPE griego. Ha sido una especie de comunión, de convertir mi ser a esos sentidos hermosos que resplandecen en la creación del otro, y de este modo hacerlos míos y poder llevar esa felicidad encontrada, ese amor sentido, a alguien más.

-¿Crees que la red es un camino viable para la difusión de los autores? ¿Cuánto le debes a este andar por el ciberespacio?

-El ciberespacio se me reveló como mi medio natural cuando descubrí las posibilidades de Internet a fines de los noventa. Dialogando en Internet, investigando y reflexionando escribí mi primera novela, gané un premio de literatura y encontré mi camino. Si no existiera Internet yo no hubiera escrito, o no hubiera seguido escribiendo. Necesito como autora la interacción, el diálogo, la palabra que se extiende y abraza. Más que la obra en sí, me atrae la comunicación, el hecho comunicativo, el poder incidir en la realidad, transformar y transformarme.
Y sí, la red es uno de los mejores caminos para difundir la creación de un autor, y hoy por hoy, de un autor para niños.
           
-Tus novelas Mi abuelo Moctezuma y Copo de Algodón describen el difícil encuentro entre dos  culturas,  dos puntos de la geografía que marcan tu pasión. ¿Si tuvieras que trasladarte definitivamente y renunciar a uno de ellos, por cuál te decidirías? 

Yo amo profundamente a mi tierra. México es para mí una mística. Pero desde muy pequeña sentí la atracción, el amor por España. Entonces me “contra-eduqué”. Como nación, México es una fundación del siglo XIX, hecha por criollos que se levantan contra el poder español. Los años que siguieron, el movimiento revolucionario que enfatizó los valores culturales mexicanos a través de la creación artística de esos titanes que fueron los muralistas, y de los escritores como Juan Rulfo y Mariano Azuela y en particular los años setenta del siglo XX, cuando yo era niña, acusaban un nacionalismo entendido en gran parte como un rechazo a España, como un grito de independencia constante, un rompimiento: soy mexicano porque no soy español, no quiero serlo. Pero yo he sentido un supranacionalismo: estamos insertos en una cultura común, es un mismo río. Lo comparo con el siglo de oro de Pericles: fue posible el gran florecimiento ateniense porque hacia Atenas regresaron los más eminentes griegos de las islas y del Asia Menor, como Anaxágoras, por ejemplo. No eran griegos continentales, sino griegos por cultura que sintieron la necesidad de comunicar, converger, ofrendarse en un proyecto común, que nos dio la Acrópolis, la democracia, a Sócrates y a la filosofía de Platón. No veo separación entre México y España sino una continuidad. Esto se vio clara, entrañablemente, en los años de la guerra civil española, cuando los exiliados del franquismo en México encontraron simplemente su casa, no un asilo, ni un favor, sino su casa, a la que llevaron lo mejor de su pensamiento, su poesía. ¿Si tuviera que trasladarme? La tierra en la que he nacido tiene la última palabra. La unión es tan profunda que si tuviera que dejarla diría como en la Canción Mixteca: Oh tierra del sol, suspiro por verte.

Eres una autora que elabora libros en corto tiempo. ¿Cuántos años de investigación necesitas para completar una historia?

Se puede decir que he hecho investigación de estos temas relacionados con las antiguas civilizaciones durante toda mi vida. Son paisajes, personajes, hechos, sentimientos que hice míos por connaturalidad afectiva. Cuando he empezado a escribir una novela, por ejemplo Querida Alejandría, es porque he sentido que ya estoy en esos tiempos, en esos espacios, contemplando esos rostros. Claro que al construir la novela acudo a los referentes bibliográficos y siempre cotejo datos. El procedimiento que he seguido es escribir como si se tratara de mi propia memoria. 



Jorge Luis Peña Reyes es un poeta y escritor cubano nacido en 1977.
Es licenciado en Educación y ha obtenido numerosos premios y menciones de literatura, como la Beca de Creación Poesía del Sur 2000, el Premio Principito en Poesía y Cuento y el Premio Mundo Marino, entre otros.
Ha publicado los libros Avisos de bosque adentro, Donde el Jején puso el huevo y La corona del rey.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Alicia en el país de las aguas, por Jorge Luis Peña Reyes

Para ser una isla, pocas veces el mar es referente en la literatura nacional. No obstante, existen piezas en la que el contexto marino se convierte en principal escenario de creación.
Puerto Padre no escapa del fenómeno, aunque en años recientes la literatura infantil se ha encargado de recrear ambientes salobres en los que, peces, pulpos y caballos de mar dialogan con los más pequeños de la casa.

Cosicosas de mar de Pablo del Río, Barca de luces de Margarita Padrón, Juegos de tierra y mar, de Reina Esperanza Cruz, Los sueños entre las olas de Miguel Navarro y Vuelo Crecido de mi autoría, excepto el último, todos publicados por la editorial Sanlope, tienen el mar como principal contexto creativo.

Otro libro que se inscribe en la nómina es Tin Marín Cascabelero, la segunda entrega de la autora villazulina Alicia Batista Piñón, maestra de oficio y con el don de fusionar lirismo y humor proveniente de las mejores tradiciones del género.

En el tejar de la noche
 la luna es inmenso gato
Por eso es que el sol se esconde
como un ratón asustado.

Más que divertimento, los animales del fondo son pretextos para encarnar preocupaciones de la Cuba de hoy. Se registra Alicia de ese modo en lo que llamó el crítico cubano Omar Felipe Mauri la etapa de universalización, en la que los autores recontextualizan clásicos personajes de la literatura infantil con el sentido de proponer nuevos universos.

A un camarón colorado
 la barracuda imprudente
 mordió y !crack!, lo inesperado:
se le rompieron los dientes.
Por atrevida, por brava,
por morder con tanto apuro
no advirtió que se trataba
del Camaroncito duro.

La poética finisecular para niños y jóvenes en Cuba, asume formas estróficas definidas que luego sus autores intentan transgredirlas o enriquecerlas. El verso octosilábico es el más recurrido en cuanto a los metros empleados.
También en la autora puertopadrense la décima, el romance son las formas estróficas más utilizadas. Es interesante apuntar que en el intento de una liberación estética se asuma la décima como una opción a pesar de su cerrada estructura formal.
La manera de enfrentar el lirismo para los pequeños no es el paisajismo contemplativo ni el minimalismo a ultranza. Los animales son un pretexto para encarar preocupaciones éticas y sociales.

Inicia desde la década de los noventa la preocupación de hilvanar los libros a partir de conceptos bien establecidos, los volúmenes como éste, no son atados de poemas, son obedientes a una historia que a modo de prólogo traza los caminos de la lectura.

La literatura infantil cubana se ha encargado
 de recrear ambientes marinos en los últimos años.

Conocedora del arte de la rima, componente musical imprescindible de quien se acerque mediante la poesía a los niños, Batista Pinón muestra un abanico de posibilidades en el artificio que supone la construcción del verso. La décima es aliada, sin embargo se hace acompañar del romancillo, la cuarteta, la octavilla, y otras estructuras poéticas, a fin de brindarle al volumen ritmo y amenidad.

El trabajo con el humor es el principal vehículo de Alicia a lo largo del libro, además del lazo comunicativo, fundamental en los buenos libros para niños, la autora aprovecha el matrimonio indisoluble entre gracejo popular y octosílabo:

Qué tamaña pataleta
hubo entre rollos y lazos
cuando el pulpo se enredó
 sin querer con los sargazos.

La interacción a través de la adivinanza, rara avis en el contexto poético cubano, es un hecho en Tin Marín cascabelero, en ella Alicia no duda en echar el pan sobre las aguas, a modo de pista y compromiso con un lector que hojeará el cuaderno hasta el final sin necesitar períodos de reposo.

Alicia deja tanto epígrafes como estima necesario en este libro cofre o de las mil puertas, donde resulta imprescindible pronunciar su singular Ábrete sésamo, sugerido desde el principio, como elemento que redunda en la organicidad del volumen y enfatiza en el cariz lúdico de su pluma.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Helier Batista: Entre las dos orillas, por Jorge Luis Peña Reyes


HELIER BATISTA
Entre las dos orillas

Por: Jorge Luis Peña Reyes

A los quince años yo dibujaba como Miguel Ángel; he tardado cuarenta años en aprender a dibujar como   un  niño.
 Pablo Picasso.

Me pregunto cómo la hojarasca de  las dos  orillas puede  silenciar la  mano consagrada de Helier Batista Hernández. (Puerto Padre, 1977)

Aunque pueden contarse  varias series que definen sus etapas creativas, me inquieta un grupo considerable de obras dominadas por los códigos infantiles sin que el término se confunda con facilismo o lo naif. Tal vez es aquí donde más trabajo conceptual o al menos sedimentación académica existe, en la que Helier se encuentra con el niño que es, mientras mancha de acrílicos  esos paisajes continentes de un profundo conocimiento del color y un sinnúmero de técnicas y corrientes plásticas.


Con sobrado dominio del dibujo, Helier acumula más de ocho trabajos de ilustración con especial inclinación hacia libros de poesía tanto para adultos como para niños. Él sabe aprovechar esa posibilidad de reproducir su obra  miles de veces, por eso  pone su empeño en que los trabajos de ilustración no sean menores  que aquellos expuestos en varias  galerías cubanas.

Soy testigo de que cada acercamiento de Helier a la obra literaria es una reinterpretación que lejos de limitar o reproducir el   texto, lo extiende a zonas insondables de lo sugestivo y polisémico como conviene a la poesía de buena factura.
Un espíritu inquieto le revolotea dentro y lo obliga a trabajar sin hacer concesiones. Le exige que cada casa  sea más que su forma básica o que los árboles nos remitan a esos esbozos infantiles que empiezan a iluminarse con trazos aquí y allá sin más  orden establecido  del que impone  colores y facturas.
No siquiera Miami, esa tierra apócrifa cubana, le borra sus sueños de artista. Gesta proyectos que le tienen muy ocupado. Ya ofrece un mural pictórico en la escuela de su hijo  o expone con esa fuerza poética de quien le urge no disolverse entre el bagazo ornamental que sobreabunda.
Son los barcos desde adentro: a grafito,  pincel o sobre el celuloide, útiles para encarar la distancia entre las familias de una y otra orilla, pero bien pudieron ser los zapatos o las siluetas de su abandono en cualquier arena cubana para referirse al éxodo que tanta sal  pone ante nosotros.
Por eso el poeta Frank Castell dice: Los barcos son ciudades que se marchan…


Duele distanciarse de un amigo que es un artista pleno y que por estrecheces políticas no pueda contarse entre los creadores cubanos que viven en cualquier parte y bajo cualquier bandera con vínculo de   las instituciones de la tierra que le vio nacer. Aun así, sigue Helier  con esa lealtad del cubano de  a pie. Me consta que Helier no dejará de ser el artista que en mi país arribaba el tren lechero para respirar el ambiente de los ferrocarriles y la espera; y hacer luego  sus propias  imágenes, como si un cronista se propusiera semejante ejercicio. Ver sus habitaciones cada vez más estrechas debido a su  tenacidad creativa me convence de su éxito, de su búsqueda.

Lejano está quizás el día del reconocimiento, la oportunidad  de vivir de su vocación, y no continuar como un rudo vigilante de cargas en  cualquier almacén de la Florida. Bien sabe él que las orillas también son extremos y que los hombres difícilmente encuentran el punto meridiano de la felicidad.
Mientras tanto, no hay descanso, tampoco  sombras de derrota.  En Helier Batista  su trabajo es su idioma y no la pretensión necesaria de asumir ahora el lenguaje de la opuesta orilla que le vio nacer…  

lunes, 25 de julio de 2011

Un vuelo sin pasaje: un CD que tiende los brazos


Un vuelo sin pasaje: un CD que tiende los brazos, es un audiolibro con poemas para niños del autor cubano Jorge Luis Peña Reyes recitados por él mismo, Alejandra Moglia (Argentina), Asunción Carracedo (España) y María García Esperón (México) en un empeño comunicativo que tiende los brazos hacia diversos países del mundo hispanohablante.

Un vuelo sin pasaje

Un vuelo sin pasaje

1.- En el país de los miedos 
En la voz de Jorge Luis Peña Reyes



2.- Díptico



3.- El sueño es un tren de hechizo



4.- Hansel y Gretel



5 y 6.- Sospechas y Lo que me contó el reloj 
En la voz de Jorge Luis Peña Reyes



7.- Espantapájaros



8.- Tras el tren



9.- Reloj de siempre 
En la voz de Asunción Carracedo



10.- Las palabras 
En la voz de Alejandra Moglia



Un vuelo sin pasaje: un CD que tiende los brazos, es un producto cultural sin fines comerciales y el objetivo es que ya sea en el aula o en la casa, los niños y maestros interesados puedan grabar su propio disco descargando los 10 archivos de audio y el cuadernillo adjunto con los textos.
Para descargar el cuadernillo es necesario darse de alta en Scribd. Para descargar los audios, dar clik en "share" y de ahí a "link mp3". O solicitar los materiales por correo electrónico a mgarciaesperon@gmail.com.

lunes, 18 de julio de 2011

Caminos líricos cubanos, por Jorge Luis Peña Reyes

José Martí: la esencia

Por Jorge Luis Peña Reyes

La lírica cubana para niños, todavía sufre del paisajismo contemplativo, del minimalismo vacío y del arraigamiento a estructuras poéticas demasiado convencionales. Hay asomos interesantes y maneras múltiples de ver la poética infantil. Existen muy buenos libros y también muy buenos autores, aunque no una línea que garantice valores estéticos coherentes.
Los caminos todos son válidos, pero incluyen riesgos, estaríamos muy mal si todos se acercaran al fenómeno literario desde el mismo cristal.
Ya creo que pasamos la era de las jitanjáforas (recurso que permeó la poética para niños en la década del ochenta)* y ahora hay una búsqueda más profunda en cuanto a temas sociales complejos, a partir de la fabulación y la sugerencia.
Toda poética no tiene por qué construirse a partir de temas problémicos de la sociedad, pero tampoco debe primar en el balance creativo de los autores del panorama nacional, una literatura escapista y mojigata, porque los niños cotidianamente se preguntan sobre el divorcio, la moda, el sexo, las carencias, la violencia familiar, la muerte, etc. No se puede evadir tanto compromiso con esos lectores.
Nelson Simón
Hay quienes asumen la poética desde el pasado, recreaciones de figuras de la música y el arte en general. Entre los libros en esa perspectiva, pueden mencionarse Maíz desgranado de Nelson Simón y La rosa en el zapato del espirituano Ramón Luis Herrera. El riesgo de este ángulo es hablar de referentes que no le dicen nada al niño de hoy. Se impone el recurso lúdico.
Otros trabajan desde los textos clásicos con sugerentes aportes hermenéuticos, (reinterpretación de los contextos y códigos modernos).
En este ambiente aparecen textos donde el lobo feroz le escribe un Fax a Caperucita o donde la Ballena le pide perdón Jonás por lo de tiempos atrás, como no enseñó Mirta Aguirre en su colección Juegos y otros poemas. El peligro es quedarse anclado en la historia que le dio origen, y en el ornamento de la forma sin mostrar otra novedosa arista.
Conceptualizar es a mi modo de ver lo que más exige de los autores, definir qué cosa es la felicidad, la patria, el abrazo; del modo en que lo hizo Excilia Saldaña con su icónico libro La Noche.
Exige de los autores un oficio y un alto conocimiento de los recursos de la síntesis, a fin de hacer universal cada concepto.

Excilia Saldaña
(1946-1999)
No son ya un atado de poemas las piezas que conforman un libro para el público infantil. En el afán de hacer más atractivos los cuadernos poéticos, los autores cuentan una historia bien delineada a través de los textos, o de elementos ilustrativos que hilvanan temáticamente los poemas y le aportan una organicidad diferente.
Se confunde todavía el cuento en verso con el poema narrativo. Por su rareza, hay que estimular el género nacido de la oralidad de los pueblos, con una clara diferencia entre un poema narrativo y el cuento en verso que tiene una estructura narrativa definida, aunque repose en elementos de la musicalidad y la métrica.
El crítico cubano Joel Franz Rosell, apuntaba la necesidad de aportarle el ingrediente cubano a la literatura para niños de la isla. No solo la parte de la cultura afro, también el humor, la picardía del cubano y creo que la elección de la décima distingue hoy la poesía para niños que se hace en el país. Aunque hay elementos de la espinela todavía por explotar. Es poco frecuente leer una controversia en un libro de poesía para niños o utilizar las potencialidades del verso encabalgado con el propósito de salirse del octosílabo que a veces limita los pulmones del verso.
Selecciones de poesía para niños de diversas regiones del país, Como Reino en papel en Sancti Spíritu a cargo de Mildre Hernández Barrios y Anaquel de sueños, selección, notas y prólogo de Yoel Izaguirre de Bayamo que recoge la poesía escrita por autores granmenses, son más dadas al romance, a la redondilla y a la cuarteta, por eso fue una sorpresa evaluar la calidad de la poesía y fundamentalmente de la décima en la provincia de las Tunas, tierra de Juan Cristóbal Nápoles fajardo, el Cucalambé.
Aún cuando la décima, es un rígido espacio, el octosílabo dedicado a los más pequeños, tiene que apoyarse en una sugerente historia e incluir en tan poco universo esa gracia, capaz de disimular las costuras y artificios de la rima.
Todo es válido y riesgoso, pero uno debe tratar de ser diverso y explorarlo todo. Creo que la poética para niños debe asumir, de una vez por todas, el complejísimo tiempo que vivimos con escasos finales felices. Tampoco debemos excedernos en fotografiar determinadas realidades verdaderamente traumáticas.
En la literatura es importante el qué, pero el cómo es determinante. Considero que la fabulación de nuestra realidad puede ser clave para entender el camino o proyectarlo más allá de las costas.
Aramís Quintero. Foto: Flickr
Si tuviera que salvar libros que a mi consideración tienen el concepto de poesía que necesita el actual contexto social, tendría en cuenta ante todo la esencia martiana y además contaría con los títulos Machacando almendras de Eric González Conde, Maíz Regado de Aramís Quintero, La Noche de Exclia Saldaña, El silencio de los peces de Eduard Encina, El Arca de No sé, de Ronel González, textos de Luis Caissés, José Manuel Espino y Mildre Hernández Barrios, así como de Maylén Domínguez. Sin negar las voces fundacionales de David Chericián, Eliseo Diego, Nicolás Guillén y Mirta Aguirre.
En Cuba, a pesar de los vaivenes, se garantiza calidad y protección editorial a la poesía para niños, aunque aparejado a la mejor literatura se promueve otra de dudosos matices, como ocurre en el resto del mundo, casi siempre en matrimonio con muy buenas ilustraciones y capaz de guiar a los niños hacia el apetito del color.
Más importante que todo lo anteriormente mencionado es penetrar en las esencias literarias y no desligarnos de que el arte aunque tiene sus límites para responder, intenta inquietar al ser humano e indicarle dónde está la belleza de las cosas.

lunes, 11 de julio de 2011

Lo soez no quita lo Cabral, por Jorge Luis Peña Reyes

Lo soez no quita lo Cabral

Facundo estuvo en mis inicios, cuando necesitábamos pernoctar en cualquier casa para alimentarnos de aquello último que hacíamos en materia poética. Esa complicidad con Alberto Cortez en la gira del 94 y 95 , que se grabó en directo en la Ciudad de México, la sabíamos de memoria, acaso porque no teníamos mucho que escuchar, pero igual de bueno era eso de reírnos con las excesivas e incisivas ironías de ambos y con sus letras de sabiduría ancestral.
Cuando supe de la muerte de Facundo no pude menos que ir al catálogo de aquella gira y mirarle como si se nos fuera un viejo amigo para siempre, y se hiciera imposible recordar su rostro, pero al releer las letras de sus canciones, recordé que la muerte no era certidumbre en él, cuando tantos repiten esa filosofía que nadie podrá ultimar.

Pobrecito mi patrón
piensa que el pobre soy yo.

Si estaba en el lugar equivocado, si era el blanco de los matones, qué puede importar ahora, luego de exprimir y sacar tanto de la vida y de su tono claroscuro. La vida solo pudo responder a su sonrisa cuando el forzó el canto para ella, cuando le abrazó sin tenerle en cuenta sus abismos. Tanto la iluminó, que la UNESCO tuvo que reconocerlo con la distinción de mensajero de la esperanza. Es difícil ahora desligar el diálogo entre Alberto y Facundo, pero hoy tuve que escuchar de nuevo el disco y volver a reír con un poco de nostalgia por las memorias aquella y los terribles hechos de hoy. Tal vez lo mataron porque no pudieron conmover a una sola la persona y sabían que al acabar con Facundo iban a hacerlo en una muchedumbre de un solo golpe.

Sí, Facundo: Pobrecito ese matón,
piensa que el muerto sos vos.


Jorge Luis Peña Reyes
Poeta

miércoles, 15 de junio de 2011

Polvo de estrellas, de Jorge Luis Peña Reyes

Marcha. Desde el Mauseoleo de José Martí en Santiago de Cuba
Polvo de estrellas
(crónica de una suerte avisada)

Jorge Luis Peña Reyes

A qué no me adivinas, dijo mi niña, qué comen los cocuyos. No atiné a presentar hipótesis y ella respondió: Polvo de estrellas.
Ni mi padre que es el autor de esta metáfora en una tarde fugaz sabe lo consistente que es.
En el mundo hay gente que vive sin proyectarse, sin creer que hay algo más allá de las necesidades básicas y no los juzgo, ya pasó el tiempo en que me peguntaba, cómo podían vivir tantos sin crear.
Trato de imaginarme sin la creación, sin ese susto que supone la hoja en blanco y de veras encuentro alivio.
Cuando miro atrás y me elevo en la vanidad de haber hecho unos pocos volúmenes literarios, me llega como aguja, la certeza de una respuesta lógica a mi decisión “ego-redentora”, que se extiende y le sirve a otros. Saberlo reconforta: el arte es un egocentrismo que otros necesitan. Crear no es un mérito.
Por mi parte, vivo entre la rusticidad y el arte, como si la literatura me salvara la vida o me alargara los días.
Cargo con el compromiso de ser leal a mis lectores, por los cuales dedico horas a hilvanar un discurso diferente en el arduo tránsito hacia la estatura plena.
Soy mi primer lector y acaso escribo aquello que añoré leer en mi infancia.
Quien me ve en la mañana ante los micrófonos mientras ejerzo la crítica a los procesos culturales, no concibe que durante el mediodía sea el albañil de mi propia casa y que en las noches, cuando ya no quedan fuerzas para crear y todos duermen, me dedique a revisar textos escritos mucho tiempo atrás.
Pero ¿quién sería, sin esa compensación? Soy el que se desdobla en rostros múltiples para sobrevivir, ¿ha sido todo un accidente?¿Una pasión que se me prendió al cuerpo y hasta hoy me dura?

Ya me parece demasiado que me miren con ojos de asombro y timidez, que encuentren valor a lo que hago y vean detrás de cada palabra, una esencia, una intención.
Rara vez se nos juzga plenamente, somos divididos por capítulos como hacemos con nuestros libros.
Nada me ofende tanto como la indiferencia, como cuando leí y de espaldas otros seguían trillando arroz en una tarde cualquiera. Cuando no son niños los espectadores, leer textos propios en voz alta es casi una bufonada.
Escribo para un diálogo silente, me basta la proximidad anónima con mi lector. Todas las otras estructuras sobran: mientras intentamos volar, otros sueñan la caída, nos convierten en números y nos ubican, para suerte nuestra, en cualquier stand del pensamiento.
Tanta palabra ruboriza mientras trato de explicar lo común de este oficio y caigo en la trampa de volver sobre mí una y otra vez con la petulancia que cargamos en el pecho.
Todo es polvo de estrellas, amigos.
He perdido la confianza en un trato que me privilegie, acaso falta mucho por hacer. No habrá instituciones u homenajes que me siembren esa sensación de haber llegado; de establecerme, de ser siempre del tribunal que evalúa y juzga, como esos encarpetados que hacen del arte un cerrado sistema de leyes y no de libertades.
Crear en este tiempo es una válvula, un lujo que nos gastamos los sobrevivientes y lo hacemos con la misma pasión con que los niños lanzan burbujas al viento. Tal vez hay que hacer más sin esperar tanto. Hacer, aunque el dinero no aparezca, escribir sin el reconocimiento de nuestros semejantes.

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Blogger Templates